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PARÍS-ROUBAIX
La historia
La París-Roubaix, también conocida con el nombre de “La Pascale”, por disputarse antiguamente en el domingo de
Pascua, nació oficialmente en 1896, cuando dos empresarios de
Roubaix, ciudad industrial del norte de
Francia, llamados Pérez y
Vienne, decidieron organizar una prueba ciclista que partiera de París y llegara hasta el velódromo de su
ciudad, el cual habían financiado gracias a su devoción por el
ciclismo. En esta primera
edición, los empresarios contaron con el magnífico apoyo del periódico “París-Velo”, el cual ayudó económicamente a la celebración de la carrera.
La característica principal del Infierno del Norte (apodo que recibe esta clásica por su terrible
dureza), conocida por los aficionados al
ciclismo, es los temidos
pavés, carreteras entre huertas con un firme irregular y discontinuo en la mayoría de las veces, donde solo los más fuertes son capaces de pasar como si de una carretera normal se
tratara. Los demás, la
mayoría, no paran de botar en los tramos
paveados.

Calzada por donde ruedan los ciclistas
Esta carrera, en parte por su dureza y también porque necesita una preparación específica, está quedando poco a poco para hombres con unas características
determinadas; ciclistas corpulentos con mucha fuerza
(clasicómanos [véase anexo 5]) y con experiencia en la
prueba. Como hemos mencionado
anteriormente, la primera edición tuvo lugar el día 18 de abril de 1896 cuando Roubaix decide organizar una carrera ciclista que la una con París y que dé nombre a la
villa, vista la buena acogida que tuvo entre los franceses la Burdeos-París y la
París-Brest-París. De esta forma, también se pretendía dar un motivo de orgullo a los trabajadores de las muchas fábricas de Roubaix que trabajaban seis días por
semana, librando solamente los
domingos, día de celebración de la carrera.
Así las cosas, dicho día 48 valientes se prepararon a tomar la salida a las cinco de la mañana para recorrer los 280
kilómetros, ayudados por entrenadores en bicicleta, tal como era la costumbre en la
época. El alemán Josef Fisher tuvo el honor de ser el primer vencedor de la carrera que más tarde se convertiría en una de las grandes del calendario mundial. El éxito fue total en todos los
aspectos, los medios franceses de la época se hicieron eco de la victoria de Fisher ante una muchedumbre que aplaudía a rabiar el paso de los
ciclistas. De 1898 a 1900, los
organizadores, buscando
novedades, instauraron una revolucionaria idea respecto a los preparadores: irían en automóviles y en motos.
Aunque, en 1901 se
volvió, con mucho acierto a la fórmula inicial; para adoptar,
finalmente, el sistema de carrera actual sin entrenador a partir de 1910. No
obstante, a pesar del éxito obtenido en sus primeras
ediciones, la iglesia católica ponía el grito en el cielo protestando por la participación de ciclistas católicos en una carrera que se celebraba en
domingo, y hasta un cura amenazó desde el púlpito diciendo que iba a entorpecer el desarrollo de la misma haciendo procesiones en su
recorrido. El problema se arregló cuando los organizadores acordaron el hacer una misa antes de la
salida.
Poco a poco su fama fue aumentando y para el quinto año ya era considerada como la reina de las
clásicas, fama que siguió creciendo cuando los triunfadores de la clásica eran también triunfadores del Tour de
Francia, como fue el caso de Maurice
Garin, Cornet o
Lapize. Tras el primer doblete conseguido por
Garin, Lapize logró imponerse tres años consecutivos entre 1909 y 1911 demostrando que era mucho más que un esprinter tal como le reprochaban sus
adversarios. Pero en Roubaix también ha habido
polémica, como cuando en 1930 el vencedor, el francés Jean
Marechal, fue descalificado en beneficio de Julien Vervaecke a quien aventajó en cuatro minutos en la meta. El
francés, que contaba con 20 años y pertenecía a un pequeño equipo, fue desposeído de la victoria tras haber reclamado el equipo de
Vervaecke, el Alcyon, por haber hecho caer al belga. Los comisarios dieron por válidos los testimonios del director de este y el de unos “raros” testigos que habían aparecido como por arte de magia por la línea de meta, cuando todo hacía suponer que Vervaecke fue a parar al suelo por cosas de la carrera.
Cuatro años más tarde, Roger Lapebie entró primero en el velódromo de
Roubaix, pero fue descalificado en beneficio de Gaston Rebry por haber cambiado la bicicleta con un espectador cuando el reglamente sólo admitía el cambio de rueda en caso de pinchazo o avería
mecánica. En 1949 se produjo el hecho insólito de contar con dos vencedores oficiales de la
prueba, André Mahe y Serse
Coppi, hermano de
Fausto. Los escapados fueron confundidos a la entrada del velódromo a donde arribaron con la bici al
hombro, ganando Mahe el sprint entre
ellos. Más tarde Serse Coppi se impone al
pelotón. Los italianos reclamaron pues Mahe y sus compañeros no habían efectuado el recorrido
correcto, que era
cierto, pero también lo era que nunca iban a poder ser atrapados por el
pelotón. Tras dar primeramente ganador al
francés, una hora más tarde los jueces conceden la victoria al
italiano; finalmente, la UCI tomó una solución
salomónica: dio vencedores a los dos.
En 1950 Fausto Coppi gana la carrera como ningún corredor lo había hecho. Hace sentir el infierno en las piernas de todos sus
adversarios. La domina hasta tal punto que el segundo en la línea de meta, Maurice
Diot, se podía dar por satisfecho con la posición que había
alcanzado, y comentaba alegremente en la llegada: He ganado la
París-Roubaix, Coppi corría otra carrera y no
contaba.
Desde esta edición apocalíptica de Coppi hasta nuestros
días, innumerables monstruos del ciclismo han saboreado la gloria en
Roubaix, ciclistas como Rik Van Looy (1961, 1962 y 1965), Eddy Merckx (1968, 1970 y 1973), Francesco Moser (1978, 1979 y 1980), Sean Kelly (1984 y 1986), Johan Museeuw (1996 y 2000)… o hasta el más grande clasicómano de todos los
tiempos,. El belga Roger De
Vlaeminck, ganador en cuatro ocasiones en Roubaix (1972, 1974, 1975 y 1977), todos ellos se han ganado una plaza de excepción en el
cielo, puesto que el infierno ya lo han probado varias veces.
La París-Roubaix cumple este año su centenario en cuanto a ediciones se
refiere, ya que únicamente se han dejado de celebrarse las ediciones de las guerras (15, 16, 17 y 18; 40, 41 y 42). Es por
ello, que me gustaría que este trabajo sirviera también como homenaje a la reina de las
clásicas, y fomentar de esta forma dichas
pruebas.
Desde 1989 existe oficialmente la “Asociación de los Amigos de la
París-Roubaix”, la cual promueve la defensa del histórico pavés del
norte. Su idea para el futuro es marcar permanentemente el recorrido de la carrera, balizarlo y preservarlo al cien por cien como patrimonio histórico y de interés
turístico. El Presidente de honor de la Asociación es Jean Marie
Leblanc, director del Tour de
Francia.
4.3.2. El recorrido
La
París-Roubaix, aunque su nombre no lo
indique, no empieza en París, sino que lo hace en la localidad francesa de
Compiègne, situada a unos 70
kms. al norte de París. Como hemos mencionado en el apartado anterior la dificultad máxima que afrontan los ciclistas son los tramos de pavés (en el documento superior, los tramos pintados en
rojo), que en el recorrido actual no empiezan hasta el kilómetro 97 de carrera.
Actualmente, hay veintisiete tramos
marcados, pero alguno de
ellos, incluso, son la unión de dos o
más, y se dice que en realidad son 51 tramos
paveados. La principal característica de casi todos ellos es que distan mucho de ser un camino plano con
baches, todo el tramo es una gran hendidura levantada por el centro y con caída hacia las
orillas. Estos tramos adoquinados están catalogados del uno al
cuatro, dependiendo del grado de dificultad que
entrañen, sobre todo por su
estado. Siendo los tramos con valor cuatro los más duros de superar.
Podemos diferenciar los veintisiete tramos de pavés en dos
grupos: el primer bloque serían todos los tramos entre Troisvilles y
Valenciennes; mientras que el segundo iría desde la misma Valenciennes hasta la meta en
Roubaix.
Nº DE TRAMO LOCALIDAD POR DONDE PASA LONGITUD (metros)
27 TROISVILLES 2200
26 VIESLY 1800
25 QUIEVY 3700
24 QUIEVY-SAINT PHYTON 1500
23 HAUSSY 900
22 SAULZOIR 1200
21 VERCHAIN-MAUGRE-QUERENAING 1600
20 MAING 2500
19 TRAVERSÉE DE LA FORÊT D’ARENBERG 2400
18 WALLERS 1600
17 HORNAING-WANDIGNIES-HAMAGE 3700
16 WARLAING-BRILLON-TILLOY-SARS 5100
15 ORCHIES 1700
14 AUCHY-BERSEE 2800
13 MONS-EN-PEVELE 300
12 MONS-EN-PEVELE 3000
11 MERIGNIES 600
10 ATTICHES-MARTINSART 1800
9 MARTINSART 700
8 HAS-ENNETIERES 1400
7 ENNEVELIN 1400
6 TEMPLEUVE 200
5 CYSOING-BOURGHELLES 1400
4 CHAMPIN-EN-PEVELE 1800
3 CARREFOUR DE L’ARBRE-GROSON 3200
2 HEM 1400
1 ROUBAIX 300
Tabla representativa de todos los tramos de pavés del Infierno del Norte
La longitud total de estos tramos es de algo más de cincuenta
kilómetros, los cuales podemos dividir en dos grupos gracias al tramo número
diecinueve: el Bosque de
Arenberg. Este tramo es especial, quedan todavía cien kilómetros para la meta, pero este paso se ha convertido en un pequeño infierno en el que la carrera puede entrar dividida o unida,
pero, seguro, sale
destrozada. En 1999 se cambió el sentido de la marcha para hacerla cuesta arriba y reducir de esa forma la velocidad que mantenían en esta zona los corredores. Puesto que en el 98 se registraron numerosas
caídas, entre ellas la de Museeuw (al cual casi le tienen que amputar la
pierna), y las circunstancias obligaron al
canvio. Visto que los corredores llegaron a pasar por detrás del
público, en la zona pisoteada por éste para llegar hasta el borde del
pavés, también se optó por vallar todo el
recorrido.
Al entrar en el pavés de Arenberg no parece estar en mal
estado. Sin embargo, el ruido continuado de los golpes de los bajos de los coches sobre la piedra denota que la sensación de planicie regular es apenas una impresión
óptica. Unos pocos metros más
adelante, la ilusión óptica desaparece y surge toda la crudeza del tramo más espectacular de la actual
París-Roubaix.
Este tramo de pavés de 2400 metros es el que
decide,
prácticamente, la carrera. Entrar en él es penetrar en el verdadero
infierno. Ningún pavés parece estar en su
sitio. Todos parecen estar dispuestos perfectamente para provocar el caos, para hacer caer en sus garras a los que osan enfrentarse al “infierno”. Los más fuertes salen
debilitados; los
débiles, hundidos. Nada es inmune al
Arenberg. La conducción del coche se convierte en un castigo. Ir en bicicleta es un
tormento. Las vibraciones que provoca el pavés se transforman en calambres que torturan el cuerpo y lo machacan hasta que deja de sentir las
extremidades.
Existen otros tramos duros en la
París-Roubaix, como por ejemplo el veinticinco con sus 3700 metros de
adoquines. Aunque, en
realidad, todos ellos son duros, a excepción del
último, en Roubaix, el cual sirve como homenaje a los corredores.
Por último, cabe destacar que la desaparición de algunos tramos de pavés a lo largo de la historia ha hecho que, poco a
poco, el recorrido de la misma se haya desplazado hacia el
este.
4.3.3. El palmarés
El número máximo de veces que un corredor ha ganado la
París-Roubaix ha sido en cuatro ocasiones, realizado únicamente por Roger De
Vlaeminck, a mediados de los año
setenta. No obstante, también hay que destacar a corredores como Eddy
Merckx, Gaston
Rebry, Octave Lapize, Rik Van Looy o Francesco
Moser, los cuales han vencido en tres ocasiones.
Si nos fijamos en el país de origen de los vencedores, observamos que las naciones que más victorias cosechan son Bélgica y
Francia, seguidos lejanamente por Italia y Holanda.
Por lo referente al ciclismo español cabe decir que el único ciclista de nuestro país que ha realizado podium ha sido Miguel Poblet
(segundo en 1958, y tercero en 1960). Aunque también hay que destacar a figuras actuales como Pedro Horrillo o Rubén
Galvañ, los cuales son una muestra de los pocos españoles que consiguen terminar en el velódromo de
Roubaix.

Gráfico representativo de las victorias de los diferentes países.
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